Les presentamos un artículo de la especialista húngara Dóra Bakucz, profunda conocedora de la literatura hispanoamericana.
Dóra Bakucz
Aunque Jorge Luis Borges es considerado
un autor estrella de la literatura hispanoamericana en Hungría, como en muchos
otros países, y ya se han traducido casi todos sus textos, a principios de 2017
se han publicado dos cuentos suyos, antes inéditos en húngaro: La biblioteca total, y El espejo de tinta, en dos publicaciones
de una revista de ciencia ficción. El título del artículo: “Del cosmos a
nuestra galaxia”, con esas dos expresiones, que en el campo de la literatura
aluden al contexto de la ciencia ficción, mostramos qué es lo que más fama le
ha dado a Borges en Hungría en los años 70, y curiosamente es el mundo del sci-fi a donde ha vuelto hace poco.
Los primeros cuentos de Jorge Luis
Borges en forma de libro y en traducción al húngaro se publicaron hace 45 años,
en 1972, en la serie de ciencia ficción titulada Kozmosz fantasztikus könyvek (“Cosmos – libros fantásticos”),
mientras que estos dos últimos –hasta el momento– en 2017, uno en la revista titulada
Galaktika (“galaxia”) y el otro en
una antología temática de la misma revista, en un número especial dedicado a la ciencia
ficción argentina (la serie se titula Metagalaktika,
“metagaláctica”). De hecho, se trata de ediciones en diferentes momentos de la
misma editorial, considerada como la más relacionada con la literatura de science fiction en Hungría. Después del
cambio político en 1989 la editorial desapareció paulatinamente, pero desde los
años 2000 ha vuelto a publicar tanto la revista como la antología temática, y tiene
el objetivo de mantener vivo el género, ahora ya en un sentido más amplio,
internacional.
La situación política de Hungría de
los años 60 y 70 es bien conocida, es la época de la dictadura comunista, ya
pos totalitaria, donde funciona sobre todo la autocensura ya que oficialmente
no había censura, como explica M. Haraszti en su libro sobre “la estética de la
censura” (1991). En la práctica la política cultural de este período funcionaba
según el “sistema de los tres T” que consistía en clasificar a los artistas
según las tres categorías de tiltott
(“prohibido”), tűrt (“tolerado”) y támogatott (“apoyado”): Borges,
probablemente, pertenecía al segundo grupo. La revista de literatura universal
más importante de la época, destinada a presentar los escritores, tendencias, y
eventos literarios destacados de otras partes del mundo es Nagyvilág (“El gran mundo”), editada desde 1956 por la Asociación
de Escritores Húngaros: es donde se publican los primeros textos de Borges, a
partir del 63, y más tarde también algunas entrevistas, cortadas y modificadas
por los redactores, o “delfinadas” como dice László Szörényi (2000), crítico,
profesor y editor de otra revista literaria, y autor del libro titulado Delfinárium (“delfinario”)[1]. La expresión viene del
latín ad usum Delphini (“para el uso
del sucesor”) que utiliza Luis XIV cuando adapta un texto para la lectura de su
hijo, es decir, el significado de “simplificado”, “modificado” (originalmente
por razones morales) pasa al vocabulario de los literatos, editores,
traductores, escritores de la época para aludir de manera eufemística a este
fenómeno típico que realmente tenía el propósito de evitar la censura, es
decir, la prohibición de la publicación de ciertos textos o autores. La
publicación del libro de cuentos de Borges en este disfraz de sci-fi podría ser considerado también
como una especie de “delfinación” ya que la ciencia ficción era una categoría
literaria que tenía una posición especial: por un lado, era considerado como algo
poco peligroso porque supuestamente no hablaba de la realidad o el presente,
sino de otros planetas, seres, galaxias. En palabras de unos de los destacados
personajes del mundo de la literatura de ciencia ficción (y todo lo que se
podía vender como tal), Péter Kuczka (1998), fundador y durante mucho tiempo editor
jefe de la famosa revista Galaktika,
“(…) el sci-fi es una obra en la que
hay naves espaciales, robots, marcianos, y monstruos con los ojos muy grandes.
Para los que no leen ciencia ficción, esa circunscripción es suficiente.”[2] Y probablemente es lo que
pasó con los que controlaban las publicaciones. Por otra parte, la ciencia
ficción, y sobre todo la vertiente en la que la técnica del futuro o la
futurología tenían un papel importante, era un tipo de literatura muy popular y
subvencionada en la Unión Soviética. Es por eso que también la revista Galaktika y la serie Kozmosz tenían un apoyo financiero del
estado que permitía publicar y vender muchos ejemplares (la revista Galaktika en su época de esplendor tenía
una tirada de más de 90.000 ejemplares y numerosas veces fue premiada por distintas
asociaciones internacionales del género por ser la mejor revista de ciencia
ficción).
El ya mencionado Kuczka,
originalmente un poeta proletario que en los comienzos de su carrera quería ser
el poeta del partido del poder y propagar con sus textos las ideas del
comunismo, con el tiempo se ha decepcionado tanto que en los años 50 incluso
llegó a organizar manifestaciones, participó en la revolución antisoviética,
fallida, del 56 y fue silenciado, es decir, no podía publicar nada hasta 1964: este
fue el período cuando se iba acercando al género de la ciencia ficción. A
partir del 69 se convirtió en director de la colección Kozmosz en la editorial Móra, una de las más importantes de la
época, y entre el 72 y el 95, como ya hemos mencionado, fue también redactor
jefe de la revista Galaktika. Gracias
al apoyo estatal, a los contactos, a los gustos y sensibilidad literarios de
Péter Kuczka, ambas ediciones fueron muy exitosas hasta el cambio del sistema
político en el 89.
La revista Galaktika, después de pasar 9 años en un profundo sueño, fue
despertada en 2004 con una temática más amplia, incluyendo actualidades
científicas, reseñas, artículos sobre las novedades de las investigaciones
sobre el futuro, etc.[3] La historia de las
publicaciones editadas por Kuczka son interesantes no solo porque nos permiten
ver la trayectoria de una revista (y una colección vinculada a ella) que
todavía hoy día vive de la fama que tenía en los años 70, y de los autores que
en aquel entonces publicaron en ella, sino también porque es el contexto
literario-cultural que hace posible que Borges llegue a la fama entre los
lectores húngaros. La pregunta es, si ese contexto era realmente tan artificial
y si en ciertos círculos de verdad sigue vigente hasta hoy, o el nombre, la
“marca Borges” sirve simplemente como márquetin para vender algo con lo que
tiene poco que ver. Para llegar a una posible respuesta, a continuación
describiremos cómo era dicho contexto en aquel entonces, y cómo es hoy.
Antes que nada, hay que decir que en
los años 70 a pesar de la denominación popular “revista” de la publicación, se
trata más bien de una antología, sin ningún tipo de información, comentario, o
cualquier otra alusión al autor o al texto. Lo único que nos puede orientar en
cuanto a la naturaleza de la revista y a la construcción consciente de los
números, es la descripción de las ilustraciones que siempre se encuentra en las
últimas páginas, y a veces hay alguna referencia también en el texto de la contracubierta.
Al principio, en los primeros números,
en la contracubierta se ha podido leer un texto sobre lo polifacético que es el
género de la ciencia ficción, pero por ejemplo en el año 1976 (en caso del número
17) cuando publicaron Tlön, Uqbar… de
Borges, encontramos en la contracubierta una serie de citas de autores de science fiction de las cuales la primera son palabras del
ingeniero-escritor Jacques Bergier: “la literatura de ciencia ficción es una
fuerza mayor que la energía atómica”.[4]
Para tener una imagen sobre cómo
entró Borges en el escenario de la ciencia ficción húngara, veamos ahora las
circunstancias del primer libro de cuentos suyos que ha editado el mismo Kuczka,
siguiendo las instancias de Lajos Boglár, etnólogo-antropólogo húngaro que
durante toda su vida ha tenido mucho contacto con América Latina. Boglár es famoso
sobre todo por sus expediciones en distintos países del continente americano,
así como por sus colecciones etnográficas con las que volvió a Hungría de sus
viajes y encuentros con grupos de indígenas, pero a pesar de su profesión fue
también traductor de algunos cuentos de Borges en esta primera colección. El
libro de cuentos publicado en 1972 se titula Körkörös romok (“Ruinas circulares”), son cuentos de dos libros de Borges, de Ficciones (1956) y de El
Aleph (1957) y la selección estuvo a cargo del etnólogo-antropólogo
mencionado. Como ya lo hemos dicho, el libro forma parte de la colección Kozmosz Fantasztikus Könyvek (“Libros
Fantásticos Kozmosz”) y aquí cabe mencionar que “ciencia ficción” en húngaro es
tudományos-fantasztikus cuya
traducción literal sería “fantástico-científico”, es decir, ya en su
denominación está muy cerca de la “literatura fantástica” (aunque por ejemplo
Borges muchas veces aparece en la crítica húngara como escritor principal del
“realismo mágico”).
La colección Kozmosz tiene el propósito de publicar selecciones de la literatura
de ciencia ficción húngara y extranjera. Entre 1969 y 87 publica 132 títulos,
entre ellos Isaac Asimov, Abe Kóbó, Fred Hoyle, Italo Calvino, o más tarde
también Stanislaw Lem, Arthur C. Clarke, Mary Shelley, y, además, en esta
colección se publicó el guión de Star
Wars de George Lucas o Brave New
World de Aldous Huxley. Podemos ver que Borges figuraba entre los maestros
de distintos tipos de la literatura fantástica o científica-fantástica, y hay que
añadir que la colección recogió incluso textos de escritores húngaros tan
consagrados como Frigyes Karinthy o Mór Jókai (nombres muy conocidos para los
lectores húngaros). También en la introducción de esta primera antología de
Borges, escrita por András Székely (un consagrado historiador del arte) encontramos
varias comparaciones y una perspectiva bastante local cuando leemos: “La
crítica extranjera considera a Borges un escritor especial y único. La crítica
extranjera no conoce los cuentos especiales y únicos de Karinthy (…)” (1972) O,
más tarde: “No es en vano mencionar el nombre de Karinthy, algunos cuentos
suyos –los que podemos considerar literatura sci-fi– son bien comparables con las obras de Borges”. No se
explica ni el porqué, ni cuáles son dichos cuentos o dichas obras, pero, al
parecer, era necesaria la referencia nacional.
En la misma introducción titulada
“Los cuentos de Borges” se menciona también otro autor húngaro: Antal Szerb,
quizás más conocido internacionalmente, y sobre todo para los lectores
españoles, gracias a las traducciones de sus dos novelas más logradas, El viajero y la luna y La leyenda de Pendragón. La relación que
establece el autor de la introducción entre Antal Szerb y Borges es aún más
misteriosa y más bien extraliteraria, si lo citamos es para mostrar qué métodos
se utilizaba para colocar a un autor extranjero en el contexto de la literatura
en Hungría: “Sin embargo, hay otro escritor húngaro que es todavía más cercano
a Borges. Nació solo dos años más tarde que él y quizá pudiera estar vivo hasta
hoy si hubiera podido huir a América Latina a tiempo. Así, sin embargo, murió
apaleado por los guardias del campamento de trabajo (por su origen judío)” (Székely
1972).
Resulta que también hacía falta
explicar el porqué de publicar los cuentos de Borges en una colección de
ciencia ficción. La explicación que recibimos en relación a esta cuestión es
bastante convincente:
“(…) [Borges] no se conforma
con la ciencia en su sentido cotidiano, empieza a escribir cuentos que van más
allá de las fronteras de la ficción, de las historias de la imaginación, se
acercan a lo fantástico y en un momento dado, en una alusión, en el diálogo de
los personajes, o en una nota a pie de página siempre aparece alguna curiosidad
de la historia de la civilización humana. Al fin y al cabo, es lo que hace de
Borges un autor sci-fi, o sea, de
ciencia ficción, lo único insólito es que la ciencia en este caso no se refiera
a alguna rama de las ciencias naturales o de las ciencias técnicas, sino a las
ciencias sociales: lo que recibe el lector es alguna que otra miga sabrosa de
la Historia o de la Historia de la Literatura” (Székely 1972)
Según los criterios de hoy encasillar
los textos de Borges en alguna categoría no es fácil, en la crítica húngara de
después de la caída del Telón de Acero cuando se hace alusión a la cuestión, aparece
el juego de palabras tudománytalan
fantasztikus lo que quiere decir más o menos “ciencia ficción sin ciencia”
o “[literatura] fantástica no científica” y que funciona en húngaro justamente
por lo que ya hemos mencionado, es decir que sci-fi es “científico-fantástico”. De ahí que el resultado de este
juego de palabras es literatura “fantástica no científica” que quizá se acerque
más a lo que hoy día la crítica piensa de Borges.
Sin entrar en cuestiones teóricas de
la ciencia ficción o de la literatura fantástica, el ensayo que se ha publicado
en la colección Metagalaktika 12 (esta
selección de textos de la ciencia ficción argentina contemporánea que empieza
con uno de los textos de Borges recientemente publicados en Hungría), nos
muestra que también los autores de la ciencia ficción en Argentina consideran a
Borges como uno de sus maestros.
Sergio Gaut vel Hartman
caracterizando la sci-fi argentina
dice que podemos hablar más bien de “ficción especulativa argentina” o
“narrativa conjetural” (y toma la expresión justamente de Borges quien la utiliza
en su poema titulado “Poema conjetural”). (2017) El ensayo, cuando enumera los
predecesores más importantes, menciona a Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga,
Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, y Adolfo Bioy Casares.
Respecto a Borges, como uno de los clásicos más importantes de la literatura
fantástica argentina (de su vertiente especulativa) del siglo XX, menciona los
textos que considera típicamente SF: Utopía
de un hombre que está cansado, Funes el memorioso, El milagro secreto, El
inmortal, El Aleph. También subraya que se trata de un caso especial, de
“narrativa conjetural”, es decir, de textos emparentados con la “ficción
especulativa”, o una “inflexión conceptual”. (Gaut vel Hartman 2017) Si tomamos en
consideración lo que dice sobre las características de la ciencia ficción
argentina, veremos que el encasillamiento artificial de la época comunista que
se ha hecho en Hungría, no es tan absurdo como parece. Las características más
importantes según Sergio Gaut vel Hartman son las siguientes: fuerte tradición
de literatura fantástica, “mestización” respecto a la SF anglosajona, color local, construcción de universos con reglas y
personajes a la medida de cada ficción, preocupación por desentrañar las claves
de la decadencia, la inoperancia y la anomia política del país (en clave metafórica,
figurada o sin claves), darle un espacio a lo lúdico.
Gaut vel Hartman cita también a otros
críticos que se han dedicado al tema, por ejemplo, Pablo Capanna que hace una
conexión explícita entre las dos formas literarias en cuestión:
“En general, los autores
cultivan una literatura fantástica no tradicional, que linda con la ciencia
ficción, la atraviesa y sale libremente de su ámbito, con escasa presencia del
elemento científico-tecnológico (...). Quizás el rasgo más común sea que
nuestros autores no hacen ciencia ficción a partir de la ciencia, como ocurre
en los países industriales donde reina la ciencia ficción y en cuyo mundo
espiritual importan las convenciones y los mitos del género.” (2017)
Al final del ensayo Hartman saca sus
conclusiones y dice: “¿Qué le queda a una ciencia ficción sin ciencia? La
respuesta es simple: convertirse en ficción especulativa, en narrativa
conjetural. La producción de mundos alternativos nace de la confluencia entre
lo que sabemos y lo que somos capaces de imaginar como un desarrollo que recibe
un impacto inesperado.”
Vemos pues, que lo que parece un
pretexto en la introducción de Körkörös
romok (“Ruinas circulares”) de la colección Kozmosz en 1972, rima muy bien con la descripción del ensayista
argentino de la selección de Metagalaktika,
de 2017.
Aquí cabe mencionar que Körkörös romok (“Ruinas circulares”)
tiene una versión ampliada y un poco neutralizada del contexto galáctico de la
ciencia ficción, pues se vuelve a publicar en la Editorial Kriterion de
Rumanía, una editorial que tenía la sede en Bucarest y una filial en Cluj
fundada en 1970, para asegurar la edición de libros en las lenguas minoritarias
del país y que fue un proyecto muy importante para el círculo intelectual húngaro
en Rumanía. Esta edición, que recibe el título de A titokban végbement csoda (“El milagro secreto”), en la crítica se
menciona generalmente como una reedición del libro Ruinas circulares, publicado en Kozmosz, pero hay algunos detalles
muy significantes desde nuestro punto de vista (aparte de que en este libro
haya seis textos más) y es que saca los cuentos del contexto de la ciencia
ficción: como categoría genérica pone simplemente “cuentos”, desaparece la
ilustración futurística, y recibe una introducción nueva (también criticable tanto
desde el punto de vista filológico como en su posicionamiento cultural),
escrita por un poeta, escritor, crítico, miembro de la minoría húngara de
Timisoara, Tamás Deák, que coloca a Borges en un contexto literario universal y
atemporal, lo relaciona con autores barrocos, con la Antigüedad, Egipto, China,
pero también con Mallarmé, Ramon Lull y acaba el ensayo con la idea de que
realmente ya el Edipo de Sófocles no
era otra cosa que una investigación borgiana donde el agente o el detective
descubre el pecador y asesino en él mismo. (1978)
Para hoy tenemos en húngaro la
traducción de prácticamente todas las obras de Borges, sin ningún tipo de
etiqueta categórica en los libros, pero con la antigua costumbre de la revista Galaktika de no ofrecer ninguna
información, introducción, comentario, etc. En cambio, los editores de la nueva
Galaktika que venden la revista con
el nombre de Borges, ahora ya sí usan etiquetas –de márquetin, sobre todo– e
intentan atraer al lector para leer a Borges (y a los otros autores de la
revista) asegurando, por ejemplo, que se trata de un escritor que tiene el premio
de World Fantasy (que realmente
existe). La revista ofrece también un pequeño resumen orientativo en cuanto a
la interpretación de los textos, que en caso de Borges y el cuento El espejo de tinta es el siguiente: “Si
perseguimos sueños, no nos damos cuenta, pero nos puede alcanzar nuestro
destino.” (Borges 2017b) Y mientras tanto, en las páginas de las revistas
científicas los expertos en otros materiales discuten sobre “Borges y el modelo
Aleph”, o “La refutación del tiempo”, o “La deconstrucción y la narratología
logocéntrica y la crítica post estructuralista de la narratología en Borges”, o
sobre “El otro como límite y como manifestación de lo fantástico”, o “La
cuestionabilidad del sujeto en la exposición de un cuento de Borges”, entre
otros, como se puede comprobar haciendo una búsqueda en Google.
Borges, pues, es uno de los pocos
escritores latinoamericanos que quizás no en todo el cosmos, ni siquiera en la
galaxia, pero al menos en Hungría (y también en otros países) interesa hasta hoy a un público muy
amplio, desde los amantes de la ciencia ficción, hasta los filólogos más
comprometidos.
Bibliografía
Borges,
Jorge Luis. “A tintatükör”. Galaktika, 323, 2017: 24-27.
Borges,
Jorge Luis. “A totális könyvtár”. Metagalaktika,
12, 2017: 8-10.
Borges,
Jorge Luis. “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”. Galaktika,
17, 1976: 71-80.
Borges,
Jorge Luis. A titokban végbement csoda.
Bukarest: Kriterion, 1978.
Borges,
Jorge Luis. Körkörös romok. Budapest:
Kozmosz fantasztikus könyvek, 1972.
Capanna,
Pablo. “La ciencia ficción y los argentinos”. Minotauro, 10, abril de 1985:
43-56.
Deák,
Tamás. “Utószó”. En Borges, Jorge Luis. A
titokban végbement csoda. Bukarest: Kriterion, 1978: 201-210.
Haraszti,
Miklós. A cenzúra esztétikája.
Budapest: Magvető, 1991.
Herrero,
Juan Luis. “A színfaló”. Galaktika, 10, 1974: 103-108.
Kuczka,
Péter. Határvidék. A science
fictiontől a barkochbáig. Budapest: Hét Krajcár, 1998.
Sergio
Gaut vel Hartman. “Feltételes Argentína”. Metagalaktika,
12, 2017: 40-54.
Székely,
András. “Jorge Luis Borges novellái”. En Borges, Jorge Luis. Körkörös romok. Budapest: Kozmosz
fantasztikus könyvek, 1972: 225-234.
Szörényi,
László. Delfinárium. Miskolc:
Felsőmagyarország kiadó, 2000.
[1] Hay muchas
informaciones que no están en los libros, ni en las críticas, solo en la
memoria de las personas que lo hayan vivido desde cerca, por ejemplo, en este
caso tenemos que dar las gracias a Csaba Csuday, otro traductor de Borges –sus
traducciones se publicaron en la revista Nagyvilág
(donde fue también editor) y en ediciones posteriores–, que fue jefe del
departamento de español de la Universidad Católica Pázmány Péter de Hungría y
quien nos ha ayudado mucho compartiendo recuerdos e informaciones sobre la
época.
[2] Las traducciones de
las citas de publicaciones y textos del húngaro al español son mías.
[3] En el 2016 hubo un
gran escándalo alrededor de la revista ya que un periodista descubrió que entre
2004 y 2016 la mayoría de los textos fueron publicados sin permiso y sin pagar
derechos de autor. Después del escándalo intentaron arreglarlo todo y
probablemente para los números en los que han publicado los textos de Borges ya
no ha habido ningún tipo de irregularidad .
[4] También hay que
reconocer que la lectura de este tipo de citas y textos desde nuestro presente
pueden conducir a unas interpretaciones que suponen más intencionalidad y doble
lectura que a lo mejor tenía el autor. Lo mismo puede pasar con los textos
publicados, mencionemos el caso de dos escritores cubanos, Carlos Cabada y Juan
Luis Herrero (dos cubanos de la antología Cuentos
de ciencia ficción, publicada en 1963 en la Editorial Revolución de Texas).
Sus cuentos se han publicado en el número 10 de la revista, en 1974. Uno de los
cuentos de Herrero se titula A színfaló
(“El tragacolores”), (no encontramos alusiones ni al título original ni a la fuente – y es la historia de un color que
aparece de un momento al otro, se vuelve muy popular, la gente se vuelve loca
por tener cosas de ese color, pero poco a poco el nuevo color empieza a
dominar, comer, tragar todos los otros colores y es cuando descubren que lo
mejor es volver a los colores de siempre y hacer desaparecer el nuevo color
agresivo. Hay un científico, hay microbios, todo lo que hace falta para crear
un ambiente de ciencia ficción, y la lectura política también se presta. Con
todo, la complejidad de estos textos y los de Jorge Luis Borges, por ejemplo, Tlön, Uqbar… que se han publicado en
húngaro por primera vez en las páginas de la misma revista, no se pueden
comparar.
Dóra Bakucz es Licenciada en Filología Hispánica y Filología Húngara por la Universidad ELTE de Budapest y doctora en Filología Hispánica por la misma universidad. Imparte clases de Literatura Española, Literatura Hispanoamericana y de Traducción en la Universidad Católica Pázmány Péter de Hungría. Sus publicaciones incluyen artículos sobre narrativa y teatro -principalmente contemporáneos- de literatura española, hispanoamericana y catalana, así como de literatura comparada, y traducciones de literatura catalana y española. Trabaja también como traductora.
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